Por la tarde explorábamos la ciudad. Visitamos el Alcázar, la Catedral con la Giralda, la Plaza de España y varios barrios pintorescos. Un día fuimos al mercado de Triana, donde probamos los churros y paseamos por el Guadalquivir. También nos encontramos con Rosa, una chica que nos había ayudado el año anterior con el español, y nos contó que el fin de semana anterior había ido incluso a la playa por el calor.
Viaje a Sevilla: una semana entre cultura, idioma y aventuras inolvidables
Salimos del aeropuerto de Turín la tarde del 2 de noviembre y, tras un viaje de un par de horas, aterrizamos en Sevilla, donde desde las ventanas del avión podíamos ver brillar las luces de la ciudad. Al llegar a la residencia en plena noche, nos instalamos en las habitaciones, donde nos esperaban camas y mantas calientes. Ya en el aeropuerto se produjo el primer imprevisto: una compañera perdió la cartera y la azafata la llamó.
Todas las mañanas asistíamos a clases en el Instituto San Fernando, donde los profesores nos hacían practicar español con actividades de conversación, gramática y pruebas al estilo DELE. Las clases eran útiles y divertidas, y nos daban la oportunidad de hablar con gente local y conocer mejor la cultura española.
Por la noche volvíamos a la residencia, donde continuábamos disfrutando de nuestro tiempo libre jugando al fútbol sala, al ping-pong, a la PlayStation, en la sala de cine o simplemente charlando en las habitaciones.
Entre los momentos más memorables está la sorpresa que organizamos para el cumpleaños de una compañera: sus padres habían pedido churros para todos, pero por la mañana las tiendas aún estaban cerradas y el pedido llegó tarde, entre risas y esperas somnolientas a las siete de la mañana.
El 5 de noviembre, la lluvia complicó la visita a la Plaza de España: estalló una tormenta repentina y algunos de nosotros, junto con el profesor Montanaro, nos quedamos bajo la lluvia torrencial. Al regresar antes a la residencia, nos conformamos
El 6 de noviembre hicimos una excursión a Córdoba, visitamos la ciudad antigua e hicimos compras. Por la noche, para celebrar por adelantado el cumpleaños de un compañero, los padres enviaron otra tanda de churros, mientras que la profesora Harada probó divertida la PlayStation 5.
El 7 de noviembre regresamos a Turín, cansados pero felices. Fue un viaje lleno de actividades, encuentros y pequeños imprevistos que lo hicieron aún más inolvidable: una semana intensa en la que no nos aburrimos ni un minuto.